Las mejores anécdotas con gafas de sol como protagonistas (II)

Ya contamos hace unos meses las divertidas historias de Lucía, Dani y Laura con sus gafas de sol. Desde entonces nos han llegado más anécdotas curiosas y rocambolescas de los amigos de Roberto por lo que hemos decidido hacer una segunda parte de anécdotas con gafas de sol como protagonistas para que también seáis partícipes de estas aventuras.

Conchi, 64 años, Benalmádena

“Estaba con mi nieto dando una vuelta por la calle Larios de Málaga capital y aproveché por entrar en varias tiendas. En una de mis favoritas, en Roberto Martín, me dediqué a probarme varias gafas de sol por toda la tienda. No sabía por cuál decidirme y mi nieto comenzó a ponerse un poco nervioso a causa de mi indecisión y a pedirme que siguiéramos con nuestra ruta y fuéramos a por el prometido helado. Así que salí de la tienda y me pasé por la heladería. Cuando fui a pagar empecé a notar que algo me faltaba. Busqué en mi bolso, en mi chaqueta, en la cabeza, colgado de la camisa, etc. ¡No encontraba mis gafas de sol! Sólo podían estar en la tienda así que volvimos, buscamos en el suelo, en el mostrador, incluso entraron en el almacén. No aparecían. Cuando desistí, mi nieto dijo: ¡aquí están abuela!… ¡Las había dejado puestas en el soporte de gafas de sol de un lateral, como si estuvieran a la venta! A causa de que eran bastante nuevas y de la misma marca, nadie se había percatado. ¡Ay qué cabeza!”

Pablo, 11 años, Madrid

“Estaba por la Gran Vía con mis padres, nos la recorrimos de arriba a abajo varias veces porque ellos no encontraban dónde estaban unas oficinas en las que habían quedado con unos amigos. Mientras, yo bebía muchísima agua y un zumo gigante que me había llevado mi madre. Por eso me entraron muchas ganas de hacer pis y le pedí a un camarero de una de las cafeterías de la calle que me dejara por favor entrar al cuarto de baño. Entré tan rápido porque tenía tantas ganas que se me cayeron las gafas de sol directamente al váter. Me dio mucho asquete pero las enjuagué con agua y jabón y las sequé con mi camiseta y no le dije nada a mis padres para que no me cayera ninguna riña”.

Irene, 28 años, Valencia

“Estaba en la oficina cuando salimos a la calle a hacer una prueba con gafas de realidad virtual con unos proveedores. Se trataba de un videojuego de una montaña rusa y estábamos todos deseando ver qué tal funcionaba y cuáles eran las sensaciones. En mi turno me fui a poner las gafas y no me encajaban, todo eran risas y yo no entendía qué estaba pasando ¡si no tengo tanta cabeza!. Seguí en mi empeño pero no había manera… Entonces me di cuenta y comencé a ponerme muy roja: ¡había olvidado quitarme las gafas de sol! ¡Así no había manera que encajaran, claro!”

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