Las mejores anécdotas que han ocurrido con unas gafas de sol como protagonista

¿Cuántas historias divertidas han llegado a protagonizar nuestro complemento estrella? Seguro que tú tienes la tuya propia, y estamos deseando saberla. Aquí te traemos el top 3 de las historias que nos han contado algunos de los amigos de Roberto Sunglasses. Anécdotas con las gafas de sol como protagonistas.

En el fondo del mar

Lucía. 32 años. Islas Azores.

“Habíamos decidido ir a ver ballenas en un barco. Es una atracción turística muy típica de la zona pero lo primero que te dicen al subirte es que no está garantizado que se puedan ver ni siquiera alguno de estos animales de lejos. Dependerá de la climatología y de lo confiadas que estén ese día con los barcos que surcan la zona. Subimos un poco desilusionados, pensando que no íbamos a tener suerte. Y la desilusión fue creciendo cuando, pasada una hora y en medio del Atlántico, no habíamos avistado nada. De repente, oímos algo que no habíamos oído nunca antes. Un sonido de animal al que no podíamos reconocer. Era un grupo de ballenas, que se acercaba. Al rato, nos contaron desde la embarcación que si mirábamos al agua podíamos verlas muy en el fondo. Y eso hice. Con las gafas de sol en la cabeza ¡qué error!. Ahora hay una ballena en Azores con mis preciosas Roberto”.

Un objeto volante no identificado

Dani. 29 años. Conil de la Frontera, Cádiz.

“Ese fin de semana, lo aprovechamos los amigos del trabajo para ir a la playa, a Conil de la Frontera, en Cádiz. Éramos siete, por lo que fuimos repartidos en dos coches. Fue un fin de semana muy divertido y el domingo también lo aprovechamos al máximo, ya que salimos de la playa a las 21.00 de la noche de vuelta a nuestros hogares. En ese camino, adelantamos al segundo coche. Y a mi se me ocurrió la gran idea de sacar la cabeza por la ventana para saludar ¡y llevaba las gafas encima! Salieron volando cual OVNI, afortunadamente hacia el lado del arcén, y se perdieron en medio del campo. Adiós gafas.”

¡Al ladrón!

Laura. 40 años. Fontanar, Jaén.

“Hacía un calor de justicia aquel 29 de junio. Habíamos ido a hacer rutas de senderismo por la Sierra de Cazorla pero tuvimos que cambiar el plan y bajar hasta los embalses para bañarnos y refrescarnos. Aprovechamos que había una ruta poco transitada a lo largo del río, tan poco transitada que se podían ver las huellas de jabalíes en las orillas. En uno de los chapuzones, dejamos las cosas sobre una piedra. Cuando nos encontrábamos en medio de ahogadillas y braceos pude ver a lo lejos como una pequeña cabra había cogido mis queridas gafas de sol con la boca y se las llevaba lejos, muy lejos. Jamás las encontré, aunque mis compañeros de viaje siempre recuerdan las risas que se echaron cuando me vieron correr a toda prisa en bañador detrás del animal”.

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